Párate un segundo y observa. ¿De dónde vienes? ¿Cuál  fue el origen de tu vida? Parece que nacemos de un acto sexual, y nos vamos a quedar impregnados de esta energía para toda nuestra vida. 

La energía de la sexualidad va a estar a nuestro lado hasta que abandonemos este mundo. Al margen de convicciones religiosas, e independientemente de las creencias acerca de la Divinidad que cada uno tenga –para no entrar en discusiones sobre el origen de la vida e ir al grano de lo que quiero tratar en este libro–, ocurre un momento biológico en el que se unen dos células. Previa a esa unión, tiene lugar un acto sexual entre dos personas, un hombre y una mujer. Esta unión ha sido necesaria para poder procrear, para que la especie continúe, desde el principio de los tiempos. Da lo mismo que tus padres se amaran o se odiaran, sintieran un orgasmo o no, tuvieran enfermedades o gozaran de una salud perfecta, tuvieran trabajo o no, vivieran durante un periodo de paz o hubiera un conflicto bélico desarrollándose en tu país, da igual; tuvieron que practicar sexo, tuvieron que unirse. Si has nacido en estos últimos quince años, puede que hayas sido fecundado in vitro, técnica que está siendo utilizada cada vez por mas personas para tener un hijo. Pero si no es ese caso, tú procedes de un acto sexual.

SEX

Tu padre y tu madre copularon en el momento justo. El pene de tu padre consiguió la turgencia suficiente para poder introducirse en la vagina de tu madre. Cuando tu padre, con el pene dentro de la vagina, liberó el semen que había en él, los espermatozoides empezaron a correr para ver quién era el primero en llegar al óvulo. No pudo ser antes ni después; el espermatozoide llegó en el momento justo. El óvulo es liberado por el ovario y vive entre doce y veinticuatro horas. Los espermatozoides, si son de buena calidad y la mujer se encuentra en el momento de la ovulación –momento en el que el Ph del útero es 7-7,5 puntos– pueden llegar a vivir setenta y dos horas. Esto significa que el espermatozoide y el óvulo disponen de unos tres días para conseguir que haya fecundación. No parece tan fácil que se den las condiciones óptimas para la fecundación. Sin acto sexual ninguno de nosotros estaría aquí. Parece por tanto que se trata de algo importante: sin acto sexual no hay vida, no hay continuidad. La especie humana se extinguiría.

El sexo es importante desde el punto de vista de la evolución. Gracias a la sexualidad aseguramos el mantenimiento de la especie humana. Lo femenino y lo masculino se encuentran para garantizar la continuidad de nuestra especie. Nos guste o no, el fin último de la sexualidad es ese. El cerebro del hombre y de la mujer, cada uno con sus diferencias, está estructurado para reproducirse. Independientemente de los hábitos sexuales que cada uno tenga, el sexo reproductivo sigue siendo esencial. Todos los comportamientos sexuales que ocurren en la naturaleza se dan de una forma espontánea. Sin embargo, en el ser humano la sexualidad va más allá de la reproducción; el ser humano lo tamiza a través de la razón, y entonces entran en juego roles sociales y culturales.

Existen personas que no quieren tener sexo

Por otro lado, no se puede pasar por alto que hay personas que deciden pasar toda su vida o parte de ella sin tener relaciones sexuales. Los motivos pueden ser diversos; hay personas que no conciben el sexo sin tener una pareja estable o que por lo menos sientan una cierta seguridad, que no sea algo pasajero, renunciando incluso a la masturbación en solitario. Otras veces, a pesar de tener pareja, entran en una rivalidad o enfado con el otro y se apartan de esos momentos íntimos que tanto bien nos hacen. A veces quieren castigar al otro sin sexo, pero no se dan cuenta que son ellos los primeros perjudicados. Otras veces el motivo de no tener sexo son las creencias religiosas. El problema puede surgir después de mucho tiempo de inactividad, en el que los órganos se han quedado en cierto modo atrofiados. Aunque es reversible, quizás no se vuelva al mismo vigor que antes. Recordemos que a la mayoría de los órganos los mueven músculos, y si estos no se ejercitan pierden su tonicidad. Según algunos profesionales, en hombres que llevan mucho tiempo de inactividad sexual se ha detectado que algunos penes se vuelven más pequeños, como si se metieran hacia dentro, retrayéndose. En la mujer, la falta de actividad sexual, hace que cuando se quiere reiniciar esta, la lubricación cueste más, resultando el acto incluso doloroso.

Generalmente, quien más pierde el deseo sexual a lo largo de la vida es la mujer. En realidad, más que perderlo lo que sucede es que sus necesidades o preferencias van cambiando a lo largo de su vida; se vuelve más exquisita y exigente, y aunque en relaciones heterosexuales no solo busca el contacto genital, sino las caricias, la afectividad –lo que yo llamo “la piel”–, quizás en los años más jóvenes o de despertar de la sexualidad sí busca fundamentalmente el orgasmo, y llega de una forma más rápida a conseguirlo. A medida que va madurando, sus deseos van cambiando y desea más el contacto afectivo en un sentido mucho más amplio: las caricias, la palabra, el sexo sin penetración… Un sexo más “completo”. Naturalmente, esto es en líneas generales.

El hombre es más impulsivo, su energía sexual es mucho más fuerte y corta, más explosiva; suele querer tener relaciones sexuales finalizando con orgasmo y eyaculando. Y es ahí donde puede aparecer el “problema”, por llamarlo de alguna forma, aunque no creo que lo sea. Son necesidades distintas, y por ahí viene –a mi entender– un cambio en las relaciones heterosexuales, el cambio del hombre a abrirse más a las caricias, al afecto, a la ternura, no solo cuando presienta o con la intención de que vaya a culminar con penetración, eyaculación y orgasmo. Esto tampoco es nuevo; las mujeres venimos reclamándolo desde hace muchos años, quizá desde milenios. La mujer quiere estar y vivir practicando sexualidad todo el día. Una sexualidad en un sentido muy amplio y completo.

No renuncies al bienestar personal

Se puede vivir sin sexo, pero es renunciar a un bienestar general que enriquece y te hace crecer. No se trata únicamente de renunciar a vivir sin practicar sexo: el ser humano no puede vivir sin abrazos, sin caricias, sin contacto con el otro. Pero obviamente, cada uno decide.